Aprendizaje

La creatividad en la escuela... ¿se mata?

Bien es conocido que la creatividad en la escuela se mata. O se muere. Tanto la del alumnado como, en muchos casos, la del profesorado. Pero, ¿qué hay de verdad en esta afirmación? ¿Es cierto que, mediante la adquisición de contenidos y un aprendizaje más estructurado y sistemático, la creatividad desaparece?

Quizás, antes de juzgar lo que pasa con la creatividad del alumnado, sería conveniente conocer si nosotros mismos somos creativos.

La mayoría de personas pensamos que no. Dotamos de creatividad "innata" a pintoras, músicos, escritoras, cantantes y algunos otros oficios que, normalmente, están relacionados con el arte. Pero, ante esta afirmación, solemos olvidar un aspecto clave: la creatividad -al igual que la mayoría de habilidades- se trabaja.

Teniendo esto en cuenta y, deseablemente, tras leer el artículo, tendremos ideas más claras sobre las razones por las que pensamos que la creatividad en la escuela está muerta o el hecho de que nos veamos identificados como personas sin creatividad.

¿Qué es la creatividad?

Empezar contestando esta preguntas tan compleja nos ayudará a poner en contexto y entender la ausencia de creatividad en la escuela. O en nuestro día a día.

Como en muchos otros aspectos del funcionamiento del cerebro todavía no hay una respuesta clara y totalmente consensuada para responderla. En este caso entenderemos la creatividad como la conexión entre ideas para generar unas nuevas que sean útiles y originales.

En este momento es importante hacer una pausa. Como posiblemente sepas el cerebro humano aprende mediante conexiones. Es decir, al igual que una red de carreteras, va conectando unos puntos (información) con otros para que sea más fácil recurrir a ella y, por tanto, utilizarla en el día a día.

Cuando logramos conectar algunos de esos puntos que, a priori, no tienen relación alguna (y conseguimos que el resultado sea algo útil y original) lo llamamos creatividad. Una buena estrategia para facilitar esas conexiones es el pensamiento liminal, del cual hablaremos en otra ocasión.

La creatividad en la escuela

Muy probablemente, mucho más si eres docente, hayas visto la charla de Ken Robinson titulada “Las escuelas matan la creatividad" pero, ¿hasta qué punto es esto cierto?

Lo primero, y algo que no debemos pasar por alto, es que no hay evidencias de que la creatividad en la escuela se mate. Por tanto, esta afirmación es un poco valiente, más ahora que estamos intentando basar una educación basada en la evidencia para incrementar las probabilidades de aprendizaje.

Pero, ¿de dónde parte esta idea? ¿Qué justificaciones utilizamos para, de alguna forma, apoyar y creer en esta afirmación? Aunque a continuación veremos dos de los factores principales que pueden hacernos, de alguna forma, ser menos creativos, primero debemos entender algunas de las características de la creatividad.

Características de la creatividad

  1. Se adapta al ámbito en el que va a ser usada. Es decir, no podemos entrenar la creatividad como una actividad general. No se puede ser creativo en todos los ámbitos. La creatividad no funciona como un músculo al que entrenamos, mejoramos y ello nos repercute en un mejor funcionamiento en todas las áreas en nuestra vida cotidiana en el que esté implicado. La creatividad es específica.
  2. Depende de los conocimientos concretos. Relacionado con el punto anterior. Me explico. Podemos ser muy creativos en un ámbito (el educativo, por ejemplo) y nada o muy poco en otros según nuestro conocimiento sobre el mismo (en arquitectura). Por tanto, los saberes o conocimientos son la materia prima de la creatividad. Sin ellos es imposible pensar "fuera de la caja".
  3. La creatividad se trabaja, se puede mejorar. Podemos fomentar y desarrollar una actitud creativa, esencial en el aula. ¿Cómo? No penalizando los errores, fomentando la experimentación, probando, compartiendo, opinando…

Factores que "matan" la creatividad

Una vez entendemos un poco mejor la creatividad, podemos profundizar en algunos de los factores que, en nuestro día a día, nos alejan de un pensamiento más imaginativo y nos impiden, de alguna forma, conectar ideas nuevas para generar otras.

Dos elementos principales son la fijación funcional y el realismo.

La fijación funcional

Los y las docentes no podemos negar que el alumnado de infantil utiliza y le da muchos más usos a objetos simples como un clip, una caja o un tubo de cartón, haciendo que se conviertan en castillos, telescopios, llaves, naves y demás. Esto desaparece conforme nos vamos haciendo más mayores, ¿cierto?

El problema de la vela de Duncker es un claro ejemplo de fijación funcional

Teniendo en cuenta esta observación que se da en la gran mayoría de niños/as, podríamos afirmar que cuanto más mayores nos hacemos somos mucho menos creativos, que cualquier niño/a de 3, 4 o 5 años es mucho más creativo que un adulto. ¿Es esto cierto? Yo diría que no del todo. Es aquí cuando debemos conocer a la Fijación funcional.

¿Y qué es la fijación funcional? No es más que un sesgo que tenemos sobre la utilidad de diversos objetos. Es decir, vemos una caja e inmediatamente pensamos en que sirve para guardar cosas. Y punto. No le damos más vueltas.

Y esto no es malo. Es una habilidad que nuestro cerebro utiliza para ahorrar energía. ¿Te imaginas lo que supondría estar pensando en cada momento todas las alternativas para las que se puede utilizar un objeto? Nos volveríamos locos. Por ello, nos vamos haciendo más, de alguna forma, eficientes y comenzamos a establecer estrechas relaciones entre los objetos y sus utilidades o funciones más probables, descartando todas las demás.

El realismo de la creatividad en la escuela

Conforme vamos creciendo y viviendo experiencias nos hacemos más realistas. Somos capaces de distinguir las ideas verosímiles de las que no lo son. Por ejemplo: Cuando vamos por una carretera por la noche y vemos una sola luz delante nuestro, lo primero que pensamos es que es una moto, porque es lo más probable. Esto nos evita el divagar acerca de la gran cantidad de cosas que podría ser.

Al igual que antes, esto es un mecanismo que utiliza el cerebro para tomar decisiones rápidas y eficaces, permitiéndole ahorrar gran cantidad de energía y utilizando sus recursos para otras acciones.

La experiencia y conocimientos que vamos adquiriendo con el paso de los días nos ayudan a evitar equivocaciones a la vez que nos permiten establecer mucho más rápido las posibilidades de los objetos y situaciones que nos rodean.

En el caso de los niños y niñas esta experiencia y conocimiento es todavía muy escaso, por lo tanto, su impulso es probar, inventar, experimentar… porque probablemente no sepan que ese tubo de PVC que usaron para crear música, como tobogán de las canicas, como telescopio, para gritar más fuerte, etc., “sirva realmente” (aquí la fijación funcional) para que el agua pase y nos llegue a casa.

A modo de conclusión

Como vemos, no es del todo cierto que "matamos" la creatividad o la vamos perdiendo con los años. Sigue estando. Lo difícil es dejar atrás estos sesgos, que como hemos visto no son negativos, ser consciente de ellos y "forzarnos" a pensar alternativas.

En todo este proceso vemos como los saberes y contenidos son de vital importancia. Es más, como hemos subrayado algunos párrafos más arriba, no se puede ser creativo en áreas donde nuestros conocimientos son limitados. Cuantos más conocimientos y experiencias sobre un ámbito concreto, más posibilidades de establecer y crear nuevas ideas. Y esto implica a su vez un trabajo fundamental de la memoria.

Finalmente, para fomentar y desarrollar la creatividad en la escuela es fundamental la creación de un buen clima de aula, en la que el alumnado se sienta cómodo para probar, experimentar, equivocarse, etc., como hemos nombrado al principio. Esto será el primer escalón para fomentar ese pensamiento creativo.

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