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¿Cómo funciona la memoria?

El cerebro es uno de los órganos, o el órgano, más importante de nuestro cuerpo. Saber cómo funciona la memoria es crucial para nosotros, como docentes. En esta "sala de máquinas", como un director de orquesta, se guían todos los demás procesos. También es cierto que, a día de hoy, conocemos más bien poco sobre él.

En este artículo vamos a intentar comprender uno de los aspectos que forma parte del cerebro y que es fundamental para el ser humano: la memoria.

Podríamos decir que "la memoria es la habilidad del cerebro para moldearse a partir de nuestras experiencias y que nos permite responder mejor a situaciones de nuestro entorno."

Teniendo en cuenta esta definición, se puede afirmar que la memoria es esencial para el aprendizaje (responder mejor a situaciones de nuestro entorno). Sin memoria no hay aprendizaje. Por tanto, todo lo que somos capaces de hacer, entender, percibir, sentir, etc., depende de la memoria. Cualquier acto que hacemos en el día a día depende de la memoria.

¡Ostras! Pues sí que es esencial, ¿no? Repito. Cualquier acto que hacemos en nuestro día a día depende de la memoria.

Imaginemos que, como en las películas de ciencia ficción, alguien con una pistola de ondas nos borra la memoria. Toda. No queda nada. Ni un poquito. ¿Qué pasaría? Seguro que lo primero que pensamos es: olvidamos nuestro nombre, el lenguaje, donde estamos, qué son las diferentes cosas que vemos. Sí. Todo eso es cierto. Pero también olvidaríamos cómo estar de pie, andar, gestionar las emociones, abrir una puerta. Aspectos que, al menos yo, no creía que dependían de la memoria.

Tipos de memoria

Hay muchas memorias y de muy distintos tipos. Además no son independientes, sino que interactúan entre ellas y se complementan. Destacamos tres.

La memoria sensitiva

Es la más primitiva. Podríamos decir que esta conformada por cinco submemorias (una para recibir y trabajar la información que recibimos de cada sentido). Es impresionante imaginar la cantidad de estímulos que estamos recibiendo en cada instante por los cinco sentidos.

Toda esta información (sonidos, tactos, colores, objetos, olores…) se perciben y entran en la submemoria adecuada pero pocos pasan al “primer plano”, es decir, a la conciencia. Es aquí cuando entra en juego la atención, que actúa como un filtro que nos permite distinguir aquellas cosas que consideramos importantes y desechar las que no.

Por tanto, ahora ya sabemos que la atención también juega un papel crucial. Sin ella, sin este filtro, prestaríamos atención (valga la redundancia) a tanta información que nos volveríamos locos.

En resumen. Estamos constantemente recibiendo información, alguna de ella no somos conscientes ni de que la estamos recibiendo porque el cerebro no le da importancia (evita la saturación y ahorrar energía) y a la que prestamos atención pasa a la memoria de trabajo.

La memoria de trabajo

Una vez la información entra a la memoria sensitiva y pasa el filtro de la atención, la información pasa a formar parte de nuestra memoria de trabajo. En esta memoria siempre hay información.

Aquí es donde codificamos, manipulamos y combinamos la información recibida y que ha pasado el filtro de importancia impuesto por la atención. Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que la capacidad de esta memoria es limitada, es decir, si intentamos prestar atención a muchos aspectos al mismo tiempo, habrá información que olvidaremos. Por ejemplo, cuando entramos a una habitación buscando algo y olvidamos completamente lo que habíamos ido a buscar.

Toda la información nueva que seamos capaces de comprender y con ello establecer, crear o modificar relaciones con nuestros conocimientos previos, pasará a formar parte de la memoria a largo plazo. Estas dos memorias están en constante colaboración, es decir, elementos que tenemos en la memoria a largo plazo pueden ser trasladados a la memoria de trabajo para utilizarlos y nuevos elementos que entran en la memoria de trabajo se pueden incorporar a la de largo plazo.

Ahora bien, hay información y procesos que tenemos almacenados en la memoria a largo plazo pero tienen una carga metacognitiva tan baja que no gastan recursos de la memoria a largo plazo, no la saturan. Por ejemplo, andar, correr, hablar, atarse los cordones, conducir, etc., son procesos tan interiorizados que prácticamente no consumen energías y capacidad de la memoria de trabajo y por eso los podemos desarrollar a la misma vez que otras acciones.

La memoria a largo plazo

Es nuestra memoria más profunda, donde tenemos almacenada la gran mayoría de información y, parte de ella, podemos recordarla y evocarla. A efectos prácticos esta memoria es “infinita” (sin demostrar).

Una vez la información forma parte de nuestra memoria a largo plazo, en principio, no se puede olvidar. ¿Entonces por qué no recuerdo cosas que estudié hace años? En parte se debe a las conexiones tan débiles que hay. Cuando lo aprendimos, no pusimos demasiado esfuerzo en ligarlo con lo que ya sabíamos, por tanto, nos resulta complicadísimo volverlo a evocar. Es cierto que, en caso de que volviésemos a estudiarlo, tardaríamos en comprenderlo y adquirirlo mucho menos que una persona que no haya estudiado nunca ese aspecto.

Como conclusión

Aunque lo expuesto durante esta edición creo que es una forma muy superficial de entender cómo funciona la memoria, me parece una buena forma de comenzar y establecer unas bases sobre las que seguir profundizando.

Una analogía que me ayuda a entender la memoria es verla como un gran almacén en el que tenemos:

En primer lugar, tenemos nuestra puerta de entrada [Memoria sensitiva] en la cual estamos constantemente recibiendo a personas que nos traen objetos y materiales para guardar en nuestro almacén [Información]. En esta puerta, hay una serie de filtros y compuertas que, según nuestras necesidades dejan pasar algunos materiales y rechazan otros [Atención].

En segundo lugar, una zona de trabajo [Memoria de trabajo] donde utilizamos las herramientas, objetos y materiales [Información] que hemos ido recopilando y que necesitamos en un preciso momento para lograr un objetivo concreto. A veces utilizamos los materiales que nos entran directamente por la puerta de entrada y otras veces buscamos en nuestras estanterías [Memoria a largo plazo].

Finalmente, en este gran almacén tenemos una zona llena de estanterías repletas de cajas y materiales etiquetados  y que nos son muy fáciles de encontrar cuando los requerimos [Memoria a largo plazo que podemos evocar cuando necesitamos], pero también una enorme montaña de objetos y artilugios que no nos ha dado tiempo a categorizar y que, por tanto, aunque están en el almacén, no podemos encontrar aunque los necesitemos [Memoria a largo plazo que NO podemos evocar cuando necesitamos].

Aunque este símil es muy simplista, y como vimos en esta otra entrada la memoria funciona como una red de nodos y contenidos más que como un almacén o disco duro, nos puede ayudar a conocer más que cómo funciona la memoria, el proceso que sigue para utilizar todos los conocimientos que tiene.

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